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Más sobre Diabetes tipo 2 y Neurodegeneración

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Más sobre Diabetes tipo 2 y Neurodegeneración

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Domingo 24 de Febrero de 2013 00:00

 

Tras la publicación que relaciona a la diabetes tipo 2 con la aparición de enfermedades neurodegenerativas, es conveniente, para que la población en general conozca los riesgos a que está expuesta, conocer más sobre este tipo de diabetes.

En el momento actual se estima que el número de pacientes diabéticos asciende en el mundo a 366 millones, una cantidad que en 2030 aumentará hasta los 550 millones de personas. En el caso de la diabetes tipo 2, responsable del 90-95% de los casos de diabetes, alrededor de un 6% de la población adulta mundial está afectada por esta patología. Este escenario, tremendo desde un punto de vista socio-sanitario, se agrava aún más por el hecho de que la diabetes tipo 2 es cada vez más frecuente en gente joven, en contraposición a la idea clásica de que solamente se producía en la población mayor de 30 años. ¿La razón?, el tipo de vida actual, hábitos de consumo alimenticio que llevan a obesidad, hipertensión, el sedentarismo y, por supuesto, el incremento de la longevidad. ¿Las consecuencias?: complicaciones de todo tipo que de forma insidiosa van apareciendo a medio-largo plazo, tales como neuropatías periféricas y autonómicas (que afectan al sistema nervioso vegetativo, no hablamos aquí de Autonomías y políticas), accidentes vasculares cerebrales, enfermedades cardiovasculares, retinopatías, fallos renales, etc. Todo ello sin que el paciente lo conozca pues el desarrollo de estas patologías es silente hasta que dan la cara, cuando ya es tarde para hacerles frente con garantías. ¿La traducción?, un impacto significativo en la calidad de vida, así como en la morbilidad y mortalidad de estos pacientes.

Por todo ello, el diagnóstico precoz de la diabetes tipo 2, la adopción de medidas para mejorar el control de la glucemia y la prevención de sus complicaciones, así como el desarrollo de pautas terapéuticas eficaces son ya un aspecto clave en la Sanidad actual.

    ¿Por qué y cómo se desarrolla la diabetes tipo 2?.

Si bien la etiología de la diabetes tipo 1 es bien conocida, un proceso autoinmune que lleva a la destrucción de las células beta pancreáticas que producen la insulina, con la consiguiente deficiencia de este péptido hipoglucemiante, más complejo resulta el analizar qué ocurre en la diabetes tipo 2. Esta constituye una enfermedad metabólica multifactorial, caracterizada por un fallo progresivo de las células beta pancreáticas (inicialmente sobreestimuladas para producir más insulina, por ejemplo en la obesidad), lo que lleva a un déficit relativo de insulina en relación a las demandas de ésta para hacer frente a la elevación de la glucosa circulante, que va seguido de una disminución de la eficacia de la insulina para introducir la glucosa en los tejidos y acaba con una auténtica resistencia a la acción de la insulina. Todo ello se traduce en aumento de la glucosa plasmática, obesidad (la insulina es lipogenésica), aumento de los niveles de lípidos circulantes (particularmente triglicéridos) y todo ello, de forma aislada o conjunta lleva, entre otras muchas alteraciones, a una neurodegeneración y/o muerte neuronal, con cambios funcionales y estructurales cerebrales, que culminan en disfunciones o alteraciones cognitivas bajo las que subyacen una serie de patologías neurodegenerativas tipo demencias, por ejemplo la enfermedad de Alzheimer.

La diabetes se ha asociado con la aparición de un lento pero progresivo daño cerebral que resulta en neuropatía diabética y/o alteración de las funciones cognitivas. Ello ocurre tanto en la diabetes tipo 1 como en la tipo 2, pero desde un punto de vista clínico las alteraciones cognitivas son más relevantes en la diabetes tipo 2 en pacientes adultos. Curiosamente, a pesar de la ganancia de peso corporal que generalmente se asocia a la diabetes tipo 2, las disfunciones cognitivas se correlacionan con una pronunciada atrofia cerebral (particularmente en áreas corticales, subcorticales e hipocampo: recuérdese que el hipocampo es la zona donde diariamente se producen nuevas neuronas responsables de la memoria reciente), con lo que el peso cerebral disminuye y aparecen, además, alteraciones en la sustancia blanca. La diabetes tipo 2 se ha correlacionado con la disminución de la supervivencia en pacientes con Alzheimer, y con el incremento de accidentes vasculares cerebrales, desarrollo de Parkinson y varios tipos de afectaciones neurológicas. ¿Cuál es la razón?. Parece que no una si no varias pueden ser las causas responsables de estos procesos: acción defectuosa de la insulina, disfunciones mitocondriales (la mitocondria es clave para la producción de energía celular), stress oxidativo con formación de grandes cantidades de radicales libres de oxígeno, activación de la proteín kinasa C (responsable de los movimientos intracelulares de calcio), etc.

En la diabetes tipo 2 nos vamos a encontrar con una situación paradójica: existe una hiperinsulinemia crónica (consecuencia de la demanda de producción de insulina por el páncreas) con resistencia a la acción de la insulina. Es decir, pese al exceso de insulina circulante ésta es ineficaz para promover el transporte de glucosa a las células (aparece así una hiperglucemia que llevará a un círculo vicioso infernal: el exceso de glucosa circulante inducirá una mayor producción de insulina pancreática pero la resistencia tisular a ésta llevará a que la hiperglucemia persista, lo que a su vez sobreestimulará al páncreas para producir más insulina hasta que las células pancreáticas se agoten. La insulina es lipogenésica, es decir facilita la adiposidad, pero el tejido adiposo es muy resistente a la acción de la insulina, con lo que el círculo vicioso queda creado y el individuo condenado. Particularmente importante es el hecho de que la mayor resistencia a la acción de la insulina se da en la grasa abdominal...).

La resistencia a la acción de la insulina que se da en la diabetes tipo 2, junto con la hiperinsulinemia existente, lleva a la disminución de la captación cerebral de insulina. Aquí conviene hacer un alto y aclarar que la idea clásica de que el Sistema Nervioso Central era insensible a la insulina, es decir no precisaba de ésta, y que la hormona no era capaz de cruzar la barrera hemato-encefálica (que separa y protege al sistema nervioso de lo que ocurra en el plasma) es un concepto erróneo; la insulina puede alcanzar muy altos niveles en el cerebro y ejercer en éste importantes efectos tróficos a nivel neuronal. Por ello, y puesto que la insulina atraviesa la barrera hemato-encefálica no es sorprendente el que en una situación de hiperinsulinemia, como la que se da en la diabetes tipo 2, ello lleve a una saturación de los receptores que se encargan de pasar la insulina desde el plasma al cerebro atravesando la barrera hemato-encefálica lo que se traduce en una disminución de la captación cerebral de insulina. Estamos ante otra aparente paradoja: El exceso de insulina en plasma lleva a que ésta no pueda alcanzar el cerebro..., pero así es. A mayores, la situación de resistencia a la acción de la insulina que se da en la diabetes tipo 2 con la consiguiente afectación del metabolismo de la glucosa puede llevar a una disminución del flujo sanguíneo cerebral y disminución del metabolismo oxidativo de la glucosa en el cerebro con lo que la actividad cerebral se ve inmediatamente afectada. ¿Resultado?: progresiva afectación del aprendizaje, memoria y consecuentes afectaciones cognitivas.

Sin embargo, además de su entrada en el sistema nervioso central mediante un sistema de transporte, como acabamos de ver, la insulina puede ingresar en el cerebro mediante una vía alternativa que implica difusión simple, es decir que no precisa de un sistema de transporte específico. Ello ocurre en un área muy concreta, el área postrema, una región circunventricular. Pero además hay evidencias recientes, abundantes, que indican que la insulina se puede sintetizar también el cerebro (no solo en el páncreas), en zonas como el hipocampo, córtex prefrontal y bulbo olfatorio, lo que es consistente con los datos que describen altas concentraciones de insulina en el córtex cerebral, bulbo olfatorio, hipocampo, hipotálamo y amígdala. ¿Para qué?. Pues porque la insulina, como su péptido asociado IGF-I, juegan un papel clave en la regulación del metabolismo del sistema nervioso central, crecimiento y diferenciación neuronal, neuromodulación y neuroprotección.  De hecho, la administración de insulina se h avisto que mejora el aprendizaje y la memoria en ratas y en voluntarios sanos humanos (en este caso administrada por vía nasal), sin que cambie la glucemia. Igualmente, la infusión sistémica de insulina mejora la atención y memoria verbal. Por ello no es sorprendente el que se plantee que la insulina pueda jugar a nivel cerebral papeles distintos al metabólico conocido. Entre ellos se incluirían: incremento del crecimiento de conexiones interneuronales, regeneración de mielina, neuroprotección, estimulación de la síntesis proteica neuronal, incremento de la actividad sináptica y plasticidad cerebral, formación y almacenamiento de memoria, etc...

¿Cómo conjugamos todos estos datos con la neurodegeneración asociada a la diabetes tipo 2 (Alzheimer, Parkinson, etc)?. El tema da para mucho por lo que en los próximos días continuaremos analizándolo. Sinceramente creo que estamos ante un análisis complejo pero que puede traducirse en significativos avances en la prevención y/o tratamiento de determinadas patologías neurodegenerativas. Por el momento vayamos pensando en mantener estrictamente controlada la glucemia, prevenir o combatir la obesidad y hacer ejercicio físico diariamente. 

Gran parte de estos datos proceden del trabajo de Duarte et al., de la Universidad de Coimbra, publicado en Biochimica et Biophysica Acta en enero 2013. 

Jesús Devesa

Catedrático de Fisiología. Profesor Ad Honorem de la Universidad de Santiago 

 

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